martes, 18 de marzo de 2008

Y que puede hacer un hombre sentado frente al espejo,
Digo yo que es claro y frágil al reflejo de la luz,
Es borroso filántropo de externa presencia,
Y es solo un bebé eterno que pide ayuda en cada pestañeo.

Y que será del hombre frente a sus recuerdos.
Dicen que la vida es un eterno vaivén de memoria y olvido,
Pero de alquimista me las traigo mal versadas,
Y se me escapa la resinita conductora del espacio.
Que se introduce gozosa por la salida del instante,
Y no veo un sentido de asociación más cursi,
Más terráqueo, más sólido que una simple retrospectiva.

Ahora que se va el recuerdo frente a las hojas
Solo pienso en las mil maneras de saltar sortilegios abruptos,
De roce sensualón, de camisa de fuerza a la anacronía pura de una foto.
Y rasgar sin resentimiento la extensión de ese retrato.
Porque de retrato se hizo falso desencajado de la alcurnia utilitaria,
de la estela podrida de concéntrica frecuencia,
y en su matemática aproximación nacieron gusanos de vestimentas,
de formas vulgares de maliciosas intenciones grabadas

Ahora que ya no me las traigo de autobiógrafo de bajo rendimiento
puedo recopilar las partes, esos vestigios de puro lloriqueo,
y seguir a zancadas los familiares roces del advenimiento de los días,
frente al hombre sentado al espejo que llora su recuerdo.

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