martes, 18 de marzo de 2008

autorretrato de los tres-él motivos para tener miedo

a la hora en que las gaviotas vibran
y se oye el sonido triste de las andrajos al volver a sus casa
una mugre ojiparda desciende desde la cúspide de las olas grises.
Y, mientras mira con delicadeza agónica,
una mano firme sofoca de arriba a bajo y divide en tres-él secciones un autorretrato.
Penetra impúdicamente la trisección y frota ferozmente los pliegues sanguinolentos
cuando escurren unas gotas negras que por su textura asemejan un fluido viscoso, purulento, proveniente de una descomposición que arrastra más de dieciocho años de gestación y que en un parpadeo acrecienta la multivalencia de los electroshocks.
(Los comúnmente denominados latidos del corazón)

muy triste la tuya, esa, la imagen que te esmeras en entregar
muy jodida la putera sombra de tus pasitos ebrios.
a mi no me mientes, maldito miedoso;
mentiroso ofuscado de la imposibilidad de salir gritando y corriendo tranquilo; asqueroso artífice de tu vilipendio;
te guareces tranquilo en la idea que puedes disponer del día de tu muerte, y con esa certeza vomitas tu fugaz deceso.
le dices te quiero a la imagen que observas en el espejo de tu descomposición
y contienes el grito de estupor que se ahoga, como tú, en los rincones de tu tórax.
pero, ahora me toca a mí presionar con firmeza tu cuerpo y arrastrar mis uñas a través de tu cara para desfigurar la máscara que vistes día a día:

A la hora en que las gaviotas vibran al volver al inicio
Una turba rocosa aumenta en violencia el caos que se apacigua en los corazones.
La paz interna del mediocre pide ayuda ante el crimen de su hermana,
la coerción celular, que se ejerce en los microtendones del maldito que se contorsiona ante la mirada tutelar de una de sus partes que crece en dimensiones.

Y esta es delicadeza.
Golpeo tu cara con la dulzura de unas balas que estalla en ratas moradas que explosionan desde mi cabeza y fluyen tranquilas por mi canal fálico que se introduce con solapadas intenciones en tu cavidad anal, y así, goza goza del germen que inocula por los cortes que te devuelvo y contagio mi hedor nácar a los pájaros que aherrojan tus neuronas en los neurotransmisores de tu sinapsis tardía que se va en un segundo mientras piensas que te está sucediendo ante una sombra que se escabulle por los rincones de tu cama y ataca en la noche a la hora en que los autos vibran en la cabezas de los uniforme y escampa en las veinticinco mil razones que tengo para estar furioso conmigo mismo y articular los cortes que me den la gana para dividirme …no!!!! Es la mirada de una figura sin explicación la que me está asustando….sus tentáculos bajan desde todos los rincones de la pieza y sus sombra está transformándose en la mirada de ella…

a la hora en que las gaviotas vibran en los gritos del comienzo
se oyen los alaridos de desesperación del coito de los tres él que se debaten en la orilla del autorretrato de un poliforme que asalta con la vehemencia enclaustrada su trisección, y con la destreza del sin nombre las vuelve a juntar articulando una cancioncita hermosa. Se viste, peina y juega con ella en la orilla de mar.

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