martes, 18 de marzo de 2008

amor autogestionado

Al igual que un corazón sin sangre
Te figuré entre las palabras,
Rotas y a fuerza combustible de inimaginable presencia.
Pero caí en borrascas de avenidas circulares
Y de tanto centrifugo paseo me fui en vaharada
Al sibilino terciopelo de tu sonido.

De tu cuerpo dorado de sensual movimiento
Bebí en las noches escondido de la oscuridad,
Temeroso de las sombras en las oscilaciones de la sábana,
De los pliegues, del piñén de la costumbre al posar la cabeza,
Y volcarme sobre mí mismo noche tras noche,
Para encontrarme junto la arritmia de tus labios al preceder el día.

Porque el miedo de inmitigable contenido,
Fue nuevamente mi vulgar compañero de las caminatas estívales
Y solo el sueño de recuerdo,
Mi anhelada conquista ese verano.

Y que sencillo sería socavar al mástil del altoparlante,
El que transmite a los ductos las instrucciones del movimiento.
Pero a saber te quise, y,
Te situé junto a las consideraciones en un lugar bastante alejado.
Pero a saber te quiero, y,
Los movimientos se rebelaron contra sí mismos,
Y en su aleatoria vertiginosidad,
Encontraron su encefálica autogestión.

Pero de tanto sindicalismo corpóreo
Me fui enajenando en la pletórica cerebral,
Y te hostigué en novelas,
En rúbricas emancipaciones estacionales,
Y tú y tu presencia se hicieron inercia
Y cayeron de su mandato, al suelo.

Y como todo fue una creación de mi inocencia,
Me enamoré de tu filosofía y con ella quise repetir el idilio.
Pero de revolucionario pasé a segundo plano
Y ahora no tengo rostro, decencia,
Para coger tu mano.

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