martes, 18 de marzo de 2008

Brindis a una historia circular

Ayer te vi, padre
jugabas con tus dedos por los rincones de la basura
y mezclabas tu sangre con la cebada espumante de unas cadenas,
que descendían de tu cintura directo al pie en el acelerador.

ayer te vi, al grito uniforme y al reloj a las cinco de la mañana
Jugabas con tus ojos
a llorar sudor en el espacio en que desistes
y golpeas tu figura al rasurar la barba que delinea una risa

¡déjame tomar tus pies y conducir el infierno de tu vida!

padre, ayer te vi
llorabas como un bebé perdido
cuando abrazabas el alcohol y descansabas en su placentero mundo:

…tu carne espumante pedía auxilio
tu sangre reverberaba en los ojos de la impotenciamisería
tus dedos se contorsionaban al recibir las nuevas
y tus uñas tiritaban al rozar tu silueta,
al rasgar tu nombre en las murallas
desesperado mutilando el olvido en tu sombra pequeña,
muy gastada en la residencia de tus ojos almendros en el licor ardiente de la casa…

ayer te oí, padre
implorando descanzo .
te ví como un maniaco,
cogías tu revolver de tristeza y disparabas al surco entre nuestros corazones:
sangrabamos, sangrabamos, sangrabamos
y se nos escapaban los sueños en los sueños,
y se nos escapaban las risas en las risas
y se nos escapa vida en la vida.

y me golpeas y te respondo
y mi carne es tu carne desperdiciada
y tu futuro es mi-futuro-pesadilla
y mi vida te pertenece y por eso lloro
porque mi cuerpo yace en el tuyo muerto,
descansando al grito de las bestias,
llorando en mis ojos
la rabia combustible de mi vicio en tu vicio
cuando bajamos día a día
y en una zanja imploramos perdón directo a la mentira,
nos bofeteamos y esculpimos una llaga en llaga
por un brindis nocivo y burlón.

autorretrato de los tres-él motivos para tener miedo

a la hora en que las gaviotas vibran
y se oye el sonido triste de las andrajos al volver a sus casa
una mugre ojiparda desciende desde la cúspide de las olas grises.
Y, mientras mira con delicadeza agónica,
una mano firme sofoca de arriba a bajo y divide en tres-él secciones un autorretrato.
Penetra impúdicamente la trisección y frota ferozmente los pliegues sanguinolentos
cuando escurren unas gotas negras que por su textura asemejan un fluido viscoso, purulento, proveniente de una descomposición que arrastra más de dieciocho años de gestación y que en un parpadeo acrecienta la multivalencia de los electroshocks.
(Los comúnmente denominados latidos del corazón)

muy triste la tuya, esa, la imagen que te esmeras en entregar
muy jodida la putera sombra de tus pasitos ebrios.
a mi no me mientes, maldito miedoso;
mentiroso ofuscado de la imposibilidad de salir gritando y corriendo tranquilo; asqueroso artífice de tu vilipendio;
te guareces tranquilo en la idea que puedes disponer del día de tu muerte, y con esa certeza vomitas tu fugaz deceso.
le dices te quiero a la imagen que observas en el espejo de tu descomposición
y contienes el grito de estupor que se ahoga, como tú, en los rincones de tu tórax.
pero, ahora me toca a mí presionar con firmeza tu cuerpo y arrastrar mis uñas a través de tu cara para desfigurar la máscara que vistes día a día:

A la hora en que las gaviotas vibran al volver al inicio
Una turba rocosa aumenta en violencia el caos que se apacigua en los corazones.
La paz interna del mediocre pide ayuda ante el crimen de su hermana,
la coerción celular, que se ejerce en los microtendones del maldito que se contorsiona ante la mirada tutelar de una de sus partes que crece en dimensiones.

Y esta es delicadeza.
Golpeo tu cara con la dulzura de unas balas que estalla en ratas moradas que explosionan desde mi cabeza y fluyen tranquilas por mi canal fálico que se introduce con solapadas intenciones en tu cavidad anal, y así, goza goza del germen que inocula por los cortes que te devuelvo y contagio mi hedor nácar a los pájaros que aherrojan tus neuronas en los neurotransmisores de tu sinapsis tardía que se va en un segundo mientras piensas que te está sucediendo ante una sombra que se escabulle por los rincones de tu cama y ataca en la noche a la hora en que los autos vibran en la cabezas de los uniforme y escampa en las veinticinco mil razones que tengo para estar furioso conmigo mismo y articular los cortes que me den la gana para dividirme …no!!!! Es la mirada de una figura sin explicación la que me está asustando….sus tentáculos bajan desde todos los rincones de la pieza y sus sombra está transformándose en la mirada de ella…

a la hora en que las gaviotas vibran en los gritos del comienzo
se oyen los alaridos de desesperación del coito de los tres él que se debaten en la orilla del autorretrato de un poliforme que asalta con la vehemencia enclaustrada su trisección, y con la destreza del sin nombre las vuelve a juntar articulando una cancioncita hermosa. Se viste, peina y juega con ella en la orilla de mar.

A los difuminadores de la celulosa

Entre caja y caja,
Nuestros poros eran exhortados,
Tranquilamente, llamados
A usurpar uno que otro pensamiento de polvo,
De ceniza enjutada en pómulo de pómulo ajado,
En canales telúricos de ásperas corredizas,
En el pedernal matutino al sol de la mañana:
A la quema carne, rostro,
CARA.

Porque éramos ratas y en el urocromo comíamos;
Porque fuimos esclavos del sudor acicalando los cabellos,
A cuatro manos, a seis, a veinte días a días,
Y tan solo a dos porciones,
Sonrisa,
Histeria travestida de felicidad.
Porque fuimos seudo mastines de sicarios,
Porque fuimos niños de hombres y,
Porqué nunca jovenzuelos.

Día y noche
Vuelca nuestra carga diaria
A hombros plañideros de seis hombros,
Seis bocas,
Seis belfos sedientos de sonidos guturales de angustia,
Buscando en alaridos esa nada estomacal,
Esa que se llena a fuerza de sudor cada día.

Salutación militante a una compra subversiva

y por las calles,
Centímetro a centímetro flor de cemento,
Minuto a minuto grito de mentira,
De manos y pies ocultos en zapatos brillosos,
Lustroso, casi pulcro de rectitud,
Elevándose hasta el smog en toda su extensión,
Se palpa el rumor de cónica presencia
Tras retinas temerosas de hola en salutación
Abarrancada por fuerza de golpe, y
Uno que otro desdén plasmado en murallas de sed militante.

Porque así se nos embellecen las paredes,
Con consignas de revolución trepidante,
trepanante,
Y ciento veinte mil historias de vejez
En los sillones de la inconciencia,
Acariciando gatos,
Acicalando las uñas endurecidas de orfandad,
De sentidos esbozantes, de respiros diarios,
De una salida prístina al vagón que yace junto a sus camas,
Junto al libro de cabecera bíblica Castrense.

De porfía reveladora de nocturna rebeldía,
Corriendo al palco inútil y tañendo
Las teclas de un doble mundo que se arranca,
En conexiones de alta banda por callejuelas centímétricamente rodeadas,
Por una cutícula esterilizante de asepsia parca,
De manos y pies escondidos en la contrariedad de un amanecer solitario
Y porque no decirlo,
Enmudecidos en la bifurcación Estética de la vidas.

De roja sangre está tu cara,
y de rojo está la oferta sobre tu frente,
Delimitándote en los contornos de camarada traicionado,
que a las una de la tarde detonó en tu pecho la carga ungida en códigos de barras.
Ni apología ni elegía, sólo has quedado reducido;
Solo, en barrotes negros de acceso al grupúsculo
De los evangelizadores del pan, los cegadores del nacimiento.
Y que puede hacer un hombre sentado frente al espejo,
Digo yo que es claro y frágil al reflejo de la luz,
Es borroso filántropo de externa presencia,
Y es solo un bebé eterno que pide ayuda en cada pestañeo.

Y que será del hombre frente a sus recuerdos.
Dicen que la vida es un eterno vaivén de memoria y olvido,
Pero de alquimista me las traigo mal versadas,
Y se me escapa la resinita conductora del espacio.
Que se introduce gozosa por la salida del instante,
Y no veo un sentido de asociación más cursi,
Más terráqueo, más sólido que una simple retrospectiva.

Ahora que se va el recuerdo frente a las hojas
Solo pienso en las mil maneras de saltar sortilegios abruptos,
De roce sensualón, de camisa de fuerza a la anacronía pura de una foto.
Y rasgar sin resentimiento la extensión de ese retrato.
Porque de retrato se hizo falso desencajado de la alcurnia utilitaria,
de la estela podrida de concéntrica frecuencia,
y en su matemática aproximación nacieron gusanos de vestimentas,
de formas vulgares de maliciosas intenciones grabadas

Ahora que ya no me las traigo de autobiógrafo de bajo rendimiento
puedo recopilar las partes, esos vestigios de puro lloriqueo,
y seguir a zancadas los familiares roces del advenimiento de los días,
frente al hombre sentado al espejo que llora su recuerdo.
Y que puede hacer un hombre sentado frente al espejo,
Digo yo que es claro y frágil al reflejo de la luz,
Es borroso filántropo de externa presencia,
Y es solo un bebé eterno que pide ayuda en cada pestañeo.

Y que será del hombre frente a sus recuerdos.
Dicen que la vida es un eterno vaivén de memoria y olvido,
Pero de alquimista me las traigo mal versadas,
Y se me escapa la resinita conductora del espacio.
Que se introduce gozosa por la salida del instante,
Y no veo un sentido de asociación más cursi,
Más terráqueo, más sólido que una simple retrospectiva.

Ahora que se va el recuerdo frente a las hojas
Solo pienso en las mil maneras de saltar sortilegios abruptos,
De roce sensualón, de camisa de fuerza a la anacronía pura de una foto.
Y rasgar sin resentimiento la extensión de ese retrato.
Porque de retrato se hizo falso desencajado de la alcurnia utilitaria,
de la estela podrida de concéntrica frecuencia,
y en su matemática aproximación nacieron gusanos de vestimentas,
de formas vulgares de maliciosas intenciones grabadas

Ahora que ya no me las traigo de autobiógrafo de bajo rendimiento
puedo recopilar las partes, esos vestigios de puro lloriqueo,
y seguir a zancadas los familiares roces del advenimiento de los días,
frente al hombre sentado al espejo que llora su recuerdo.
Saludo a la condescendencia enlutada de ejército,
Con ubérrima lágrima esclarecida;
Con destello de risa cloroformo de angustia,
Disfrazada de selvático lunes de camuflaje,
Y con martes regocijado de muertes,
y de muertes glorificado el telediario.

Que no sea flor mecánica socialista,
La ultrajada en la centralizada divinidad
Que no sea la sensación visionaria de sangre
La que estreche mi hermano.
Que no sea a esta altura un saludo de tristeza,
Ni elegía de estreñimiento crucificada en la tarde de mate amargo.
.
Porque su mecánica matemática de las formas libertarias es anacrónica de cuajo,
Y la sangre es una sola y viscosa,
Viscosa de malicia formada a las órdenes del azufre,
Y de azufre amargo de nacimiento o
Miento
Estrechado en tarde,
Cuando quiero
indiferencia
y
solo
encuentro en cerrojo el grito.

Hermano mío de tendencioso esqueleto
Baja de tu cuerpo por los tendones de la selva
Y quédate blanco, tranquilo, porque es en vano:

¡que un fusil mate un fusil
que el hombre brote del hambre
y después de la sangría,
que la lágrima sea condescendiente
y que el saludo sea risa!
Hoy me visto de indiferencia para saludar las avenidas de mi ciudad,
Las mismas de siempre que se visten de trajes multiformes cada día,
De negro amanecer y de sucio desayuno;
De alegre sol medianero carneado en césped y eslabones de comida,
A la sombra del retrato clavado a huesos expectantes,
De tragadientes en referencia al que será de lo que guardan los bolsillos,
Los del hombre tranquilo que camina junto al que camina en borrasca,
El que corre, el de reflejo anímico macilento de porfía,
El que guarda en cerrojo y polvo los modales de inocencia,
Al transcurso de una sonrisa salvaje que aglutina toda la vida.

Hoy me visto como siempre, de los trajes de otros trajes
Y saludo la esencia de la belleza cristalizada,
Despernancada por los suburbios de tu cara.
Y busco las excusas que se anidan en mis gónadas rutilantes
Para invitarte al paseo por mis linfáticas contorsiones corporales
y ser arqueólogo de las ruinas de tu presencia borrosa y burlona
Que de física es resina suave y nada más que suavísima
Porque de gastos me las traje ajadas a hurtadillas
Y de sucio recorrido fue de metástasis a una simple coronilla nerviosa,
Que en sus cartílagos fosilizó recuerdo y en su médula, un vasto recorrido.

Hoy me visto y tanto,
tanto que te acicalo los engranajes,
Tanto que te veo en mi presencia,
tanto que te extraño de sentirte cerca,
Tanto que te evoco en errores y baladíes,
Tanto que de tanto sentirte desperdicié el tiempo y como siempre,
Irreverente, se fue en ditirambo el guía.

amor autogestionado

Al igual que un corazón sin sangre
Te figuré entre las palabras,
Rotas y a fuerza combustible de inimaginable presencia.
Pero caí en borrascas de avenidas circulares
Y de tanto centrifugo paseo me fui en vaharada
Al sibilino terciopelo de tu sonido.

De tu cuerpo dorado de sensual movimiento
Bebí en las noches escondido de la oscuridad,
Temeroso de las sombras en las oscilaciones de la sábana,
De los pliegues, del piñén de la costumbre al posar la cabeza,
Y volcarme sobre mí mismo noche tras noche,
Para encontrarme junto la arritmia de tus labios al preceder el día.

Porque el miedo de inmitigable contenido,
Fue nuevamente mi vulgar compañero de las caminatas estívales
Y solo el sueño de recuerdo,
Mi anhelada conquista ese verano.

Y que sencillo sería socavar al mástil del altoparlante,
El que transmite a los ductos las instrucciones del movimiento.
Pero a saber te quise, y,
Te situé junto a las consideraciones en un lugar bastante alejado.
Pero a saber te quiero, y,
Los movimientos se rebelaron contra sí mismos,
Y en su aleatoria vertiginosidad,
Encontraron su encefálica autogestión.

Pero de tanto sindicalismo corpóreo
Me fui enajenando en la pletórica cerebral,
Y te hostigué en novelas,
En rúbricas emancipaciones estacionales,
Y tú y tu presencia se hicieron inercia
Y cayeron de su mandato, al suelo.

Y como todo fue una creación de mi inocencia,
Me enamoré de tu filosofía y con ella quise repetir el idilio.
Pero de revolucionario pasé a segundo plano
Y ahora no tengo rostro, decencia,
Para coger tu mano.